CARPETA 50 AÑOS CON "VÉRTIGO" 1958-2008 (IX). "Vértigo", ¿una novela negra?
Texto: CRISTINA NÚÑEZ PEREIRA
Vértigo se va desenvolviendo formalmente como una novela negra. Los capítulos que encierran un suspense y terminan en un punto culminante de incertidumbre se suceden unos a otros rápidamente. La información se va aportando a medida que surge en la historia, pero las pausas crean la sensación de que la información se pospone y hacen albergar al lector la duda de si esa necesidad de información será cubierta o no.
“Ya hablaremos”. “No sabía que se iba para cuatro años”. “Una mano brutal le obligó a sentarse”. “No era posible el error. Era el collar de Pauline Lagerlac.” “Pauline Lagerlac –dijo el hombre con un terrible acento marsellés.”
“-La mujer a quien conociste en París –explicó Madeleine-, la que viste en el teatro en compañía de tu amigo Génvigne, la que seguiste, la que rescataste del agua, esa mujer… no ha muerto nunca. Yo no he muerto nunca, ¿comprendes?”
Esta es una de las frases del último capítulo de la novela. A partir de aquí, en un espacio vertiginosamente menor que el de este artículo, se desvela toda la abrupta, terrestre y cruel realidad de lo ocurrido. Así se le brinda al lector y así se le brinda al protagonista de la novela, Flavières, que recompone en el tiempo de una conversación toda la oscura incógnita que le había truncado la vida.
¿Por qué, entonces, esa sensación de que falta o sobra algo, de que la novela no responde totalmente a los cánones más fáciles del género? ¿Qué otras motivaciones puede tener el lector para seguir avanzando? ¿Hasta que punto estas motivaciones son potenciadas o marchitadas por la forma en que la novela está planteada?
Hitchcock tomó esta novela y le dio dos vueltas de tuerca decisivas. Manteniendo el suspense (esa bomba que está debajo del sofá del personaje y que el espectador ve pero el personaje no), fue capaz de plasmar toda la complejidad moral de su Flavières.
Una novela que se empeña en ser negra. Eso es Vértigo, de Boileau y Narcejac. Una película que no lo hace, que no se empeña en parecer negra. Y que bucea, gracias a ello, hasta el fondo último donde habitan todas las historias negras del mundo. Eso es la película de Hitchcock. Quizás ese era el don del director: no se trata de buscar historias y teñirlas. Se trata de profundizar en cualquier historia y observar y esperar para poder ver cómo ellas mismas se tiñen de negro.
Fotos: Vértigo
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