TEXTURAS. El cine como evidencia de lo real ("La evidencia del filme. El cine de Abbas Kiarostami", de Jean-Luc Nancy)
Texto: MAX CAUTION
El primer libro de cine elegido para iniciar la andadura de la nueva editorial Errata naturae no podía ser más significativo. Un texto escrito por el pensador Jean-Luc Nancy sobre la esencia del cine de Abbas Kiarostami, a partir de un primigenio texto dedicado a Y la vida continúa... (Zendegi va digar hich, 1991), film que constituía la continuación de ¿Dónde está la casa de mi amigo? (Khane-ye doust kodjast, 1987), y la película inmediatamente anterior al reconocimiento generalizado sobre la figura de este importantísimo cineasta iraní a partir del estreno de A través de los olivos (Zire darakhatan zeyton, 1994). Nancy comienza su estudio con Close-up (Nema-ye Nazdik, 1990) y llega hasta El viento nos llevará (Bad ma ra khahad bord, 1999). Hay que tener en cuenta que la edición francesa de la que parte la traducción es del 2001 y, como ya sabemos todos, Kiarostami ha dado en estos últimos años una imparable serie de películas magistrales que lo han situado en el más alto puesto de la cinematografía de todos los tiempos. Sin embargo, para mí, Nancy habla de la etapa más valiosa de su filmografía, incluyendo el título quizás más emblemático de todos, junto con A través de los olivos, la fundamental El sabor de las cerezas (Ta´m e guilass, 1997). Aunque Kiarostami ha seguido realizando importantes obras fílmicas, me parece indispensable decir que esta etapa sobre la que Nancy se interroga contiene la quintaesencia de su arte, y que al margen de todo lo que se pueda apostillar a posteriori, o a priori, su lenguaje fílmico va a poder entenderse en su justa medida gracias sobre todo a estos cinco films.Así pues, lo primero que nos motiva de esta propuesta editorial es el propio tema al que se consagra, aunque solo sea por no haber sucumbido a las modas y/o a la actualidad, entendida ésta en su versión más mediática. Pero, el libro abre además una segunda vía de asombro, la que marca la escritura (y el pensamiento) de Nancy. En efecto, un libro de este estilo es a todas luces imposible en el panorama de la literatura sobre cine española. Dejando de lado la belleza y la complejidad de la prosa filosófica empleada por su autor, lo que llama poderosamente la atención es el desmarque que establece tanto con los libros de crítica típicos, que siguen desde una perspectiva cinéfila una determinada carrera, como también de los libros temáticos que abordan contenidos y formas como si de un ejercicio académico (de hecho, muchos libros son tesis recicladas) se tratara. Por contra, Nancy se sumerge en la forma, en la inspiración última que anima el cine de Kiarostami, y esboza admirablemente un ensayo que nunca se separa del estilo y la caligrafía empleados por el autor estudiado para entender mejor su hálito, su sentido, o su no-sentido si se quiere. Nancy, más allá de si uno está o no de acuerdo con todo lo que diga, se revela como un escritor que sabe reflexionar desde su propio discurso con respeto y atención ante un cineasta que pertenece a otra cultura, pero con el que se puede relacionar de tal manera que consigue llegar al propio Kiarostami. Y esa complicidad, (repito, más allá de las coincidencias finales) puede rastrearse de igual manera en la conversación mantenida entre ambos al cierre del presente libro, y que también se establece como un ejemplo de comunión, difícil de encontrar en el apático y acomodaticio panorama hispánico.
La tercera sorpresa que se incluye en este libro son los dos prólogos que se han preocupado de buscar desde la editorial, uno del especialista Alberto Elena y otro de Víctor Erice, dos de los pocos hombres de cine españoles que han frecuentado a Kiarostami, reconociendo desde sus propias obras la deuda que su propio oficio tiene con él. Los dos textos, breves pero perfectamente integrados en el libro y en la mirada que luego desarrollará Nancy con sus ensayos, nos ayudan a situarnos en ese movimiento que va de la pantalla al libro, de los films de Kiarostami a las reflexiones de Nancy, sin perder por ello su propia personalidad como autores. En "La vida y algo más", Elena empieza diciendo que el tema del cine de Kiarostami es el mundo, tan caro al propio Nancy, y resitúa a Kiarostami dentro del marco al que lo emplazan las palabras de Nancy, al proponerle como uno de los más claros artífices de un nuevo cine, que entendido como un arte de la mirada, nos conduce a abrir los ojos frente al mundo, para después dirigir esa mirada hacia una nueva forma de ver, de apreciar aquello a lo cual miramos. Y, desde una perspectiva tan diferente como complementaria y entrelazada, en "La vida y nada más", Víctor Erice (que juega al igual que Elena con la traducción más ajustada del título Y la vida continúa...), retoma la idea, argumentada por Nancy, de un nuevo comienzo, volver a mirar de cero, no tanto para restituir un sentido ya a todas luces perdido, sino para saber mirar la realidad y sus imprevistos, aquello que se nos escapa en la confusión posmoderna y que ha extraviado nuestra mirada.Podríamos citar a otro pensador francés, Paul Virilio, para comprender un poco más estas ideas puestas en juego. Virilio preocupado por temas como la velocidad y el accidente, nos dice que: "También ahí, al igual que los pintores han divergido, los cineastas divergen. Han visto los estragos del progreso de la propaganda -la prensa moderna y los abusos actuales- y han divergido hacia un enfoque concreto, artístico, a través de Rossellini hasta la "nueva ola". Hiroshima mon amour provocó en 1959 un impacto comparable al producido por Séurat o Cézanne en la época del impresionismo. El arte se liberaba entonces de la publicidad, de un mensaje predirigido. Lo propio de la publicidad es tener un mensaje oculto, y lo propio del arte es no tener ninguno salvo el suyo mismo, y es un gran misterio." (1)
1. Virilio, Paul, El cibermundo, la política de lo peor, Cátedra, madrid, 2005, p. 31
De estas ideas previas surge el texto de Nancy. Articulado en dos partes, la primera una serie de comentarios filosóficos sobre el cine de Kiarostami, y la segunda, un conversación entre el escritor y el cineasta, Nancy pretende abordar al cineasta desde una determinada escritura, donde el escritor se impone al profesor universitario. En este diálogo abierto entre ambos, Kiarostami llega a decir: "Sin embargo el cine se ha convertido cada vez más en un objeto, un instrumento de divertimento que habría que ver, entender y juzgar. Si se considera verdaderamente como un arte, su ambigüedad y su misterio son indispensables. Una fotografía, una imagen, puede tener su misterio, porque da poco, no se describe a sí misma. Usted dice que una imagen no se representa, no se da en representación, sino que anuncia su presencia, invita al espectador a descubrirla." (2) Y en esta frase podemos ver los dos elementos cruciales con los que trabaja Nancy en el primer segmento del libro, en su análisis. Estos conceptos son la idea del cine como un arte de la no representación, ante todo, y la idea de epifanía. Ambos temas nos darán finalmente el sentido que ya se explicita en el propio título empleado por Nancy para hablar no solamente de Kiarostami, sino de esa nueva forma de entender el cine que él parece imponer, esto es, el cine como evidencia, el cine de Kiarostami, por ende, como una serie de películas que se evidencian.2. Nancy, Jean-Luc, La evidencia del filme. El cine de Abbas Kiarostami, Errata naturae, Madrid, 2008, p. 127.
Sobre la epifanía, sobre el cine como manifestación de una presencia, Nancy nos habla de "una nueva pregnancia, si por ello entendemos, siendo fieles al término, una forma y una fuerza que precede y que hace madurar una puesta en el mundo, el empuje de un esquema de la experiencia adquiriendo sus contornos." (3) De la aparición de esta potencia, convertida en acto ante nuestros ojos, y de su relación con la mirada que un autor tiende hacia la realidad, está constituida la base de la evidencia del film. Lo más importante para Nancy es determinar esto, y para ello tiene que reflexionar sobre este nuevo arte que se encuentra en Kiarostami, y en algunos otros cineastas del ahora mismo, y que implica una imagen que no representa a la realidad, sino que supone otra cosa. Esclarecer que es esa otra cosa es lo que conforma la mayor parte del esfuerzo intelectual de Nancy. A lo largo de su discurso vuelve a dar una y otra vuelta sobre lo que realmente está en juego, con esa nueva mirada hacia la realidad a la que ya no podemos considerar una representación, sino más bien, una evidencia, por hablar en positivo, una evidencia de la película y, a la vez, una evidencia de lo real en la imagen. Así parece componerse una ecuación que pone en juego a la representación con la realidad, de un lado, y a la evidencia con lo real, del otro, dejando claro que la primera parte de la ecuación no es nunca igual a la segunda parte de esta ecuación.
3. Nancy, Jean-Luc, Opus cit., p. 72.
Podríamos acudir a muchas citas dentro del texto para situarnos en esta fórmula, pues todo el libro está plagado de ellas. Yo voy a limitarme a aportar dos, pues de lo contrario acabaría por aparentar reducir a unas pocas palabras lo que es del todo irreducible, la belleza que emana del rigor y la lucidez del pensamiento de Nancy. Sobre la no representación del cine, de una película, de una imagen, Nancy, apoyándose en el movimiento que se pone en marcha de manera natural en los films de Kiarostami, con el uso del coche y su desplazamiento zigzagueante por los caminos del campo iraní como gran ejemplo dentro de su obra, nos dice: "Kiarostami (...) moviliza estos últimos [las imágenes y los símbolos] hacia la mirada, y la mirada hacia lo real. La mirada: la precisión de un encuadre, la de una sensibilidad del negativo, la de una iluminación -estación, momento del día, un coche que ha caído presa del objetivo- en una palabra, nada más que el cine...pero si se puede decir así: el cine intensificado, empujado desde el interior hacia una esencia que lo separa en gran medida de la representación para dirigirlo hacia la presencia". (4) La otra cita, situada como cierre del debate propuesto por Nancy, nos recuerda las consecuencias de un cine que ya no se puede considerar una representación, pues esas presencias donde aparece lo real fuera de toda representación nos hablan de la pérdida del sentido, carencia que define el mundo actual, y así el cine "está tendido y suspendido entre un mundo en el que la representación se encargaba de los signos de una verdad, del anuncio de un sentido o de los testimonios de una presencia por venir, y otro mundo que se abre a su propia presencia por un vaciamiento en el que se realiza." (5)4. Nancy, Jean-Luc, Opus cit., p. 82.
5. Nancy, Jean-Luc, Opus cit., p. 108.
La importancia de la publicación de un libro como éste radica en aventurar un nuevo camino para un cine que tiene que sobrevivir en este marasmo cultural donde la mirada cinematográfica se encuentra acosada por todas partes. Frente a un cinema narrativo de reminiscencias más clásicas, una nueva forma de entender la mirada fílmica se abre paso a través de un conjunto de cineastas que se niegan a enterrar y dar cristiana sepultura al viejo oficio de hacer películas. Pero, evidentemente, algo está cambiando, en las formas de crear y en las formas de percibir por parte de los espectadores. Y al cine le corresponde hacerse evidente en estos nuevos tiempos. Cineastas como Theo Angelopoulos, Víctor Erice o Abbas Kiarostami son algunos paradigmas de por donde seguir moviéndonos para escapar de un cine evasivo y anquilosado que fomenta a un espectador que ha dejado de ser un sujeto, carente de mirada personal. En ese sentido y como colofón a esta reseña con la que he pretendido llamar la atención sobre un libro inevitable para cualquiera que ame y piense el cine, dejemos escuchar la voz del propio Kiarostami que pone en escena sus intenciones cuando nos susurra al oído estas palabras: "La única manera de prever un nuevo cine es considerar en mayor medida el papel del espectador. Hay que prever un cine inacabado e incompleto, para que el espectador pueda intervenir y llenar los vacíos, las lagunas. (...) La solución es quizá justamente incitar al espectador a tener una presencia activa y constructiva. Yo creo más en un arte que busca crear la diferencia, la divergencia entre la gente, que en la convergencia en la que todo el mundo estaría de acuerdo. De esa manera, hay una diversidad de pensamiento y de reacción. Cada uno construye su propia película, que adhiere a mi película, ya sea para defenderla o para oponerse a ella. Los espectadores añaden cosas para poder defender su punto de vista y este acto forma parte de la evidencia de la película. La forma de ir a la guerra contra las potencias es con una cierta debilidad, una carencia." (6)
6. Nancy, Jean-Luc, Opus cit., pp. 128-129.
Aunque, afortunadamente, nada está garantizado, creo que con libros como el de Jean-Luc Nancy y películas como las de Kiarostami tenemos muchas más posibilidades de salir de esta tierra quemada por el actual cine que viene de Hollywood y que se impone estética y mercantilmente por doquier, y que es seguido y perpetuado a menudo acríticamente por sumisos medios, teóricos y cineastas de todo el mundo. En nuestras manos está el hacer evidente otro cine.

La evidencia del filme. El cine de Abbas Kiarostami, de Jean-Luc Nancy
errata naturae editores, Madrid, 2008
Traducción: Irene Antón y Gadea Cabanillas
errata naturae editores, Madrid, 2008
Traducción: Irene Antón y Gadea Cabanillas
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